Edición Nº 110 - Caracas, Mayo 2009
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EEUU CAUSÓ LA PEOR MATANZA EN AFGANISTAN

Mujeres y niños entre las decenas de muertos y las miles de casas destruidas por los bombardeos norteamericanos en dos poblados del oeste de Afganistán, han enlutado  una vez más la paz que se promete para Afganistan. Las primeras imágenes reseñadas por los medios internacionales mostraban a personas que esperaban, junto a una decena de fosas recién cavadas, para sepultar a familiares y allegados. Mientras, otros buscaban sobrevivientes o cadáveres entre los escombros de sus precarias y demolidas casas de barro.

En suma, más de cien personas, incluido un elevado número de mujeres y niños, han muerto en este nuevo ataque aéreo norteamericano, el más cruel desde el 2001, sobre un pueblo afgano situado en la zona oeste del país, en la provincia de Farah. Las autoridades locales dicen que las víctimas  pueden llegar a 200.

La muerte de civiles inocentes es uno de los puntos de mayor fricción entre Kabul y Washington desde que Estados Unidos derrocó a los talibanes, a fines de 2001, y mantuvo su presencia militar, con el objetivo de “apoyar al gobierno de Karzai en el combate a la insurgencia en el país ocupado”, pero los insurgentes fueron siendo otros.

Y es que resulta difícil ganar una guerra contra un movimiento insurgente si el Gobierno local, que es tu principal aliado, es corrupto e incompetente. Es aún más complicado si conviertes tu superioridad aérea en una amenaza mortal para civiles inocentes. Ganar los corazones, la lealtad y las mentes de la población no consiste en volárselos en pedazos, en fraccionar familias, en incrementar miedos y rencores.

La primera versión norteamericana es que ellos se limitaron a atacar los objetivos solicitados por los militares afganos, una actitud muy propia de ellos. Nunca son responsables de nada y no sienten remordimiento por nada. Los familiares de las víctimas preferirán pensar que han sido armas fabricadas en EEUU las que han destrozado sus vidas y no estarán lejos de la realidad.

La realidad es que se teme por la influenza porcina y que lleva ya muchos muertos en el mundo y sin embargo hay otra influenza que pasa casi desapercibida y son las aberraciones de los bombardeos que acribillan a civiles en Afganistán y Palestina, arrasando con niños, y ancianos,  por una razón aberrante para nuestro siglo, el poder.

Cuando las pandemias no respeta país ni dinero, entonces los que se creen poderosos tampoco respetan fronteras, ni soberanías.

La población arrasada se había refugiado en dos pueblos huyendo de los combates entre los talibanes y el Ejército afgano. Las casas en las que estaban escondidas no fueron suficientes, el terror los alcanzó convirtiéndolos en presa fácil de la injusticia y el dolor.

 

EL EDITOR

 

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